En un sistema de reparto, cada cotizante "soporta" la cuota correspondiente a una fracción de pensionista. El ratio cotizantes-pensionistas pone número a esa imagen: compara, en cada ejercicio, el número de afiliados activos que efectivamente cotizan con el número de pensionistas con derecho a prestación contributiva. Es uno de los termómetros clásicos del sistema, aunque, como se verá, no el único que importa.
Se construye como un cociente. El numerador es la media anual de afiliados a la Seguridad Social en alta efectiva en cualquier régimen. El denominador, la media anual de pensiones contributivas en vigor: jubilación, viudedad, orfandad, incapacidad permanente y favor de familiares. El resultado es el número de cotizantes por cada pensionista.
Para leerlo con perspectiva ayudan tres referencias. La histórica: durante la mayor parte del periodo democrático el ratio ha oscilado entre 2 y 3 cotizantes por pensionista, con picos de 2,7 y mínimos por debajo de 2 en momentos de crisis. La estructural: la demografía anticipa una caída paulatina a medida que la población activa pierde peso relativo y crecen los pensionistas. Y la cíclica: en crisis profundas el numerador cae más deprisa que el denominador y el ratio se deteriora, mientras que en expansiones largas el numerador se recupera y el ratio mejora antes de que la demografía vuelva a presionarlo.
La advertencia importante es no leerlo solo. Las bases medias y el tipo de cotización efectivos pesan tanto o más sobre los ingresos del sistema que el número de cotizantes. Un sistema con más cotizantes pero con bases medias bajas no necesariamente recauda más que otro con menos cotizantes y bases medias altas, así que el ratio describe una parte de la foto, no toda.