Adelantar la jubilación tiene un precio, y ese precio tiene nombre: coeficiente reductor. Es el porcentaje que se descuenta de la pensión cuando alguien se retira antes de la edad legal. La razón de fondo es de equilibrio: quien se jubila antes cobrará durante más años y habrá cotizado menos tiempo del esperado, y el coeficiente compensa ese doble efecto.
Los coeficientes se aplican por cada mes —o trimestre— de adelanto respecto a la edad ordinaria que corresponda al trabajador, y no son iguales para todos. Dependen de dos factores. El primero es si la jubilación anticipada es voluntaria o involuntaria (esta última, por causa no imputable al trabajador, como un despido). El segundo son los años de cotización acreditados en el momento de jubilarse: a más años cotizados, menor suele ser el coeficiente, porque la norma premia las carreras largas. La cuantía exacta de cada coeficiente está fijada en la Ley General de la Seguridad Social y se ha ido modificando en sucesivas reformas.
Hay un detalle que conviene entender bien antes de decidir, porque sorprende a quien lo descubre tarde: el descuento se calcula sobre la pensión ya determinada (base reguladora y porcentaje por años cotizados) y es vitalicio. El coeficiente no desaparece al cumplir la edad legal; acompaña a la cuantía durante toda la vida del pensionista, salvo en algunos supuestos limitados de pensión máxima previstos por la ley.
Dicho de otro modo: adelantar la jubilación no es un sacrificio temporal de unos meses, sino una merma que pesa cada mes durante el resto de la vida. Calcular ese coste real, y no solo el alivio de retirarse antes, es lo que separa una decisión informada de una precipitada.