La "hucha de las pensiones" tiene nombre oficial: Fondo de Reserva de la Seguridad Social. Es el patrimonio que el sistema acumuló con los excedentes de cotizaciones de ejercicios pasados para atender contingencias futuras. Se creó por Ley en 2000, por mandato del Pacto de Toledo, con una idea sencilla: dotar al sistema de un colchón financiero frente a desviaciones temporales entre ingresos y gastos.
Su historia tiene dos fases muy distintas. Se llenó sobre todo con los superávits de la Seguridad Social entre 2000 y 2010, cuando las cotizaciones superaban al gasto. Luego, con la crisis de 2011-2012, llegó el reverso: el Fondo se utilizó intensivamente para pagar pensiones cuando los ingresos corrientes no bastaban, y tras 2017 el saldo había caído a niveles muy reducidos por esas disposiciones extraordinarias. El dinero, mientras está dentro, no permanece inmóvil: se materializa principalmente en deuda pública española y, en menor medida, de otros emisores autorizados por la norma. Las reglas para retirarlo están tasadas y se han modificado en sucesivas reformas.
La fase reciente es de recapitalización. El Mecanismo de Equidad Intergeneracional (MEI), introducido por la reforma iniciada en 2021, es una cotización adicional finalista cuya recaudación se destina específicamente a recargar el Fondo, justo cuando la presión demográfica del baby boom va a ser máxima. Esa conexión —ingreso finalista que alimenta directamente la hucha— es lo que lo distingue de otras vías de refuerzo.
Los informes anuales del Fondo se publican y son referencia obligada en la discusión sobre sostenibilidad. La regulación principal figura en la Ley General de la Seguridad Social y en su Ley específica reguladora.