Dos personas con la misma base reguladora pueden acabar cobrando pensiones muy distintas. La explicación está en la escala de años cotizados: la tabla normativa que asigna a cada año o mes adicional de cotización un porcentaje sobre la base reguladora al calcular la jubilación. Es el instrumento que premia las carreras largas, porque a más tiempo cotizado, mayor porcentaje y, por tanto, mayor pensión.
El recorrido arranca al cumplir el periodo mínimo de carencia, que da derecho a un porcentaje inicial básico. Desde ahí, cada mes adicional cotizado aporta una fracción de punto porcentual hasta alcanzar el 100 % de la base reguladora. La escala no es uniforme: los primeros años adicionales suelen sumar más por mes cotizado y los tramos más altos lo hacen de forma más reducida. La progresión exacta está fijada en la Ley General de la Seguridad Social.
De ahí esa diferencia entre quien cotizó el mínimo y quien tiene una vida laboral completa, aun partiendo de idéntica base reguladora. Y de ahí también que seguir trabajando unos años más, incluso a tiempo parcial, pueda mejorar la cuantía final.
Para el cómputo se cuentan los días cotizados reales y, en determinados casos, periodos asimilados como el servicio militar o el cuidado de hijos en los supuestos concretos que prevé la norma, según las reglas vigentes.