De la reforma de pensiones de 2013 salió un mecanismo pensado para una premisa incómoda: si los nuevos jubilados viven más años, cobrarán la pensión durante más tiempo, y eso tensiona las cuentas del sistema. El factor de sostenibilidad respondía a ese problema ajustando la cuantía inicial de las nuevas pensiones de jubilación a la evolución de la esperanza de vida. La lógica era que, a mayor longevidad esperada, menor pensión de partida, para mantener el equilibrio financiero a lo largo del tiempo.
Lo llamativo es que nunca llegó a aplicarse. Estaba previsto que empezara a operar en años posteriores a su aprobación, pero se fue aplazando una y otra vez. La reforma iniciada en 2021 y completada después lo derogó, y en su lugar se introdujeron otros instrumentos con el mismo objetivo pero distinto diseño, como el Mecanismo de Equidad Intergeneracional (MEI) y la cuota de solidaridad.
Entonces, ¿por qué sigue saliendo en titulares y documentos técnicos un factor que jamás recortó una pensión? Por dos motivos. Primero, porque es referencia obligada para entender cómo ha evolucionado el sistema en la última década. Y segundo, porque análisis del Banco de España o de la AIReF han comparado los efectos esperados del MEI con los que habría tenido el factor de sostenibilidad de no haberse derogado, usándolo como contrafactual.
Para quien se jubila hoy la conclusión práctica es sencilla: el factor de sostenibilidad no se aplica al cálculo de ninguna pensión nueva. Lo que sí opera son los mecanismos que ocuparon su lugar, y son esos los que conviene seguir si interesa anticipar cómo afectarán a la cuantía de las pensiones futuras.